Le dio un empujón a una anciana en el concesionario. No sabía que era la dueña.
La señora Alma Herrera llevaba sesenta y tres años aprendiendo a no mostrar todo lo que era. Aquella mañana había entrado al concesionario de autos deportivos de lujo sin avisar a nadie, con su bolso negro de mano, su blusa de seda champán, su chaleco largo de sastre color crema y su cabello corto rizado … Leer más