
La pérdida de un ser querido puede anclarnos a los lugares donde los vimos por última vez. Para Elara (llamémosla así), ese lugar era la orilla de un río ancho y silencioso. Todos los días, envuelta en su antiguo vestido azul, se arrodillaba en la hierba para llorar. El dolor de haber perdido a su madre en aquellas mismas aguas la consumía, dejándola sin consuelo.
Pero lo que Elara no sabía era que el río no estaba vacío. Alguien, o algo, la observaba.
Un Encuentro Inesperado
Una tarde, bajo un cielo nublado que reflejaba su propia tristeza, el agua frente a ella comenzó a arremolinarse. De las profundidades emergió una figura imponente que desafiaba toda lógica. Era un guardián mítico: un hombre de musculatura perfecta de la cintura para arriba, pero cuya mitad inferior era la de una majestuosa criatura acuática, similar a una serpiente o un pez gigante con escamas verdes y doradas.
Cualquiera habría huido aterrorizado, pero la tristeza de la joven era más grande que su miedo.
El guardián la miró con una profunda compasión y rompió el silencio del río: — No llores más. He venido a hablar contigo. He notado que vienes aquí todos los días… llevas un gran dolor.
Con la voz quebrada y el rostro empapado en lágrimas, ella le confesó su tormento. Su madre se había ahogado en ese mismo río, y el anhelo de volver a verla era una herida que no cerraba.
La Promesa y el Misterio
Fue entonces cuando el guardián reveló algo increíble. Él mismo había recibido a su madre en las profundidades. — Ella no sufrió, —le aseguró, intentando brindarle paz—. Tranquila, puedo llevarte con ella si quieres.
La esperanza brilló de golpe en los ojos de la joven. Sin dudarlo un segundo, le suplicó que la llevara, que hiciera lo que fuera necesario para reunirse con su madre una vez más.
Sin embargo, las historias de la mitología nos enseñan que el inframundo o los reinos subacuáticos nunca revelan sus secretos sin un costo. Antes de sumergirla, el guardián hizo una pausa. Había una advertencia, una condición que cambiaría las reglas del juego.
Lo que ella está a punto de ver bajo esas aguas le cambiará la vida por completo, destruyendo todo lo que creía saber. La verdadera pregunta no es si el guardián puede llevarla, sino… ¿Está ella realmente preparada para la verdad que oculta el río?
¿Y tú? ¿Qué crees que encontrará en el fondo del río? Si quieres conocer la segunda parte de esta historia y descubrir el gran secreto del guardián, ¡déjamelo saber en los comentarios!